Mostrando entradas con la etiqueta sexo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sexo. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de octubre de 2010

Las apariencias engañan!

Me parece muy interesante intentar descubrir los pensamientos y/o secretos de los demás aunque en la mayoría de las ocasiones el desacierto sea total. Sin embargo, no me importa el desacierto porque lo que pienso se queda en mi cabeza y siempre me causa mucha gracia recordar lo que he pensado de algunas personas cuando no son como creía. Me refiero exactamente a creer que las personas sean fuertes e independientes, o sean mojigatas, o no son ni chicha ni limoná. Algo así, no sé si me hago entender.

El hecho es que tengo una amiga desde hace varios años a la que me acerqué con una idea bastante fuerte  (muy sexual) que al final se convirtió en un gran misterio. Inicialmente, dadas sus características físicas, la busqué para que se acostara con mi esposo porque yo estaba segura de que a él le atraía ella y ella parecía ser una persona muy decidida. En ese momento no éramos nada amigas sino que trabajábamos en el mismo edificio, de modo que empecé por saludarla en el ascensor y poco a poco le fui preguntando cosas como: ¿Cómo te llamas? ¿Nos conocemos de antes, verdad? ¿te han dicho que te pareces a x persona?. En fin, me fui acercando a ella intentando encontrarle la caída para lanzarle el dardo algún día de que se acostara con mi esposo. Pero, pese a que me contestaba cada cosa que le pregunté, jamás me dio entrada para hablarle de cosas íntimas, así que, poco a poco, fui perdiendo el interés porque noté que no podría con ella.

Una tarde, saliendo de mi oficina, mi amiga, algo diferente en su actitud, me pidió que la acompañase a realizar algunas vueltecitas y que después me fuese a su casa a conocer a su familia.

Las cosas fueron extrañas para mí porque en mi cabeza no existía esa posibilidad o al menos no era eso lo que buscaba; conocer a su familia no estaba contemplado en mi plan con ella, pero dentro de todo, por lo menos me acercaba más a ella, de manera que acepté rápidamente.

Nos fuimos a su casa, conocí a sus padres y “qué decepción”. Descubrí que mi amiga es una niña consentida que tomaba decisiones de acuerdo a lo que sus padres consideraran mejor. Y yo pensando en llevármela a la cama con mi marido. Qué cómico, porque su apariencia distaba mucho de la realidad. Parecía más bien una mujer independiente, de mente abierta y capaz de cualquier cosa, pero vean cómo me equivoqué. De cualquier modo, no perdí las esperanzas y a pesar de que decidí no lanzarle una propuesta fuerte de un solo tirón, también decidí ser yo misma quien le hiciera volar la imaginación hasta lograr sacarla de su aparente inocencia. De aquí en adelante me convertí en una persona cuya insistencia lograra explorar sus más candentes curiosidades sexuales (no conmigo, aclaro) hasta el punto de convertirme en su consejera.

Al final, aunque no conseguí mi objetivo principal, alguna que otra vez he conseguido que toda su atención se centre en mí y más de una vez he sido juguete de su erotismo, cuando, en medio de tragos y calentura, se la ha dado por tocar y mostrar un poco demás, dejando notar, aparentemente, que le intereso más de lo que parece, pero hoy en día, aún cuando he escuchado muchas de las cosas que desea y que no ha hecho y a pesar del toque toque, todavía no me ha dejado saber a ciencia cierta qué es lo que realmente desea, pues su tocadera conmigo no pasa de ahí. Yo sólo estoy ahí para cuando desea hablar y medio tocar, pero no seré yo quien destruya la linda amistad, que entre tantas locuras, surgió entre nosotras.

domingo, 12 de septiembre de 2010

¡El que menos corre, vuela!

Ahora sí, de regreso al blog como Dios manda, continúo narrando mi historia, llena de eventos interminables y anecdóticos.

En un post anterior, específicamente en el que se llama “A buen entendedor, pocas palabras”, hablaba de las oportunidades que se me fueron presentando después de haber empezado a cumplir mi cadena de fantasías. Retomando una de las tantas cosas que me sucedieron, recuerdo una apuesta que me hizo mi esposo: se trataba de demostrarle que una niña que conocía de mucho tiempo atrás y que acababa de reencontrarse conmigo, le jalaba al otro lado igual que yo. Él supuestamente no creía que esa niña fuera capaz de llegar hasta donde yo pensaba, pero me azuzaba a que la invitase a tomar algo para hablarle un poco y poder notar sus reacciones frente a lo que yo, disimuladamente, le fuese presentando.

Fue así como una tarde la llamé para invitarla a tomar o comer algo en un lugar bastante concurrido de la ciudad y de inmediato me dijo que sí (punto a mi favor, porque no opuso la más mínima resistencia) Esa noche nos fuimos de rumba y empezamos a hablar. Hablamos y hablamos de todo un poco: de mi esposo, de su novio, de sus anteriores experiencias románticas, de lo abiertas que deben ser las relaciones hoy en día para que funcionen, etc, cuando de repente me dijo: sí deben ser abiertas, pero de ahí a tríos y esas cosas, NOOO.

Cualquiera en mi lugar pensaría que ha perdido la apuesta, pues con esa contestación tan rotunda y fuerte pocos se atreverían a invadir más el terreno y seguir tocando el tema, pero como no tenía la más mínima intención de perder mi apuesta le dije sin titubear: ESO NO TIENE NADA DE MALO, ¿O SÍ? Mi amiga soltó una carcajada y se dio cuenta de que yo esperaba más de ella y que no me iría esa noche de allí sin su verdad, de modo que, confiando en mí (hasta ahora no entiendo por qué confió tan ciegamente después de tanto tiempo), contestó: Tienes toda la razón.

Así las cosas, mi amiga empezó a contarme a detalle todas las locuras que había hecho a las espaldas de su novio, quien ingenuamente creía tener a su lado a la mujer que más se escandalizaba sobre la tierra cuando se le tocaban estos temas. 

Me contó sus travesuras con una ex novia a quien todavía quería mucho y otros cuentos más de otras niñas con las que se había rumbeado en algunas fiestas; además tenía todo un grupo gay de rumba que su grupo de amigas “normales” desconocía. Mi amiga me salió GENERAL.

Luego de unos cuantos traguitos, me fui al baño, llamé a mi esposo y le conté todo lo que pude. Él, como era de esperarse, estaba satisfecho al haber perdido esa apuesta y dispuso todo a su alcance para que me llevara a mi amiga a casa (sin que él estuviese presente) y poder continuar la rumba sin moros en la costa. Fue así como, estando en mi casa, mi amiga continuó contándome todo lo que se le vino a la mente y yo le hablé también de mis maravillosos encuentros sexuales con aquella noviecita (que por esos días estaba muy distante y hasta enojada conmigo) y también le comenté el motivo por el cual hacía lo que hacía.

En medio de tanta parla, mi amiga me pidió prestado el baño. Al salir se notó que su entrada al baño tenía un objetivo menos inocente de lo que parecía, pues dejó entrever un poco sus senos y tenía muy arreglado su cabello, su cara… todo. Ella es una niña muy bonita, de manera que me fue imposible resistir su coqueteo y me le lancé encima dándole un beso, que no puedo negar, fue delicioso. Ella tenía una fragancia espectacular en su cuello y no pude resistirme.

Fue muy bueno besarla y acariciarla (en sus senos), pero hubo un pero, un pero muy pero: me empujó con una fuerza monumental, me tiró a una silla y me dijo “Sólo te permito que me beses si formalizamos nuestra relación” Ayyyyyyyy no, después de todo, nada es perfecto. De inmediato le dije que no, que sólo buscaba divertirme y que pensaba que ella también, así que se frenó enseguida.

Mantuvimos silencio durante algunos minutos, ella pensando en quién sabe qué cosas y yo pensando que no le prestaría atención a sus locuras, de modo que al cabo de un rato le dije: ven, vamos a divertirnos y la volví a besar, pero esta vez no me permitió acercarme mucho tiempo y me empujó de nuevo.

Fue un momento loco y atrevido de mi parte, pero no puedo negar que aquella amiguita hizo parte de uno de los momentos más inolvidables de mi caminar por este fantástico y delicioso mundo y aunque hoy no andamos juntas, es muy grato recordarla.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Hasta que llegue la hora de morir, todo es vivir!

Pasaron varios meses desde que conocí a quien me he referido hasta ahora con el apelativo de “Mi Noviecita”  y no había vuelto a verla. Las cosas estaban bastante frías entre nosotras, casi no hablábamos y en ocasiones nuestras conversaciones eran poco armoniosas porque las posibilidades de vernos otra vez eran casi nulas.

Me había hecho a la idea de no volver a verlos más, pero un día, sin tener motivos, sólo por impulso y con la excusa de saludar, la llamé y me llevé una grata sorpresa cuando me comentó que existía la posibilidad de venir porque tendrían vacaciones pronto. Pocos días después me llamó con la excelentísima noticia de que vendrían, y en menos de un mes a partir de esa fecha, nos visitaron.

Fue espectacular volver a verla; cuando llegamos a mi casa no hubo poder humano que nos sacara de la cama. Al día siguiente nos fuimos para una cabaña a las afueras de la ciudad y allá sí hubo todo un despliegue de magia y buen sexo. La primera vez que mi “noviecita” y yo tuvimos contacto sexual en la cabaña fue en la habitación donde se alojaron ellos. Nos pusimos a jugar algo que ni siquiera recuerdo y sin tantas vueltas terminamos besándonos y fundiendo nuestros cuerpos, delante de nuestros esposos. Ellos, a la expectativa de lo que sucedería, no nos quitaron los ojos de encima hasta que los hicimos partícipes de la diversión. Cuando se acercaron, ella tomó a su esposo y yo al mío, los besamos brusca y apasionadamente, cada una con el aroma impregnado de la otra, siendo ese el detonante de lujuria más impresionante, pues estos hombres enloquecieron; me excitó muchísimo hacer parte de aquella escena, de modo que sin la más mínima cordura solté los pantalones de cada uno y sujeté con cada mano sus miembros, masajeándolos firmemente, mientras mi novia los besaba a ambos, con sus piernas bien abiertas,para que yo, también al mismo tiempo, intentara hacer que ella explotara de placer en mi boca. Tener un miembro en cada una de mis manos y en mi boca la zona más ardiente del cuerpo de mi novia es la sensación más extraordinaria que viví hasta ese momento, saqué una parte muy salvaje de mí que me fascinó.

Después de haber jugado y llevado al límite nuestros cuerpos, esa noche terminamos haciendo el amor, cada una con su esposo, “juntos pero no revueltos”, acabando todos agotados por el cansancio; pero esa sólo fue la bienvenida a la cabaña, aún había mucho más que dar.

Al día siguiente estaba duchándome porque el clima no jugaba a nuestro favor e imprevistamente mi novia entró al baño donde me hallaba completamente desnuda, se me acercó sonriendo con picardía y empezó a besarme. Mientras el agua se deslizaba por nuestra piel, nos besamos y acariciamos cada área capaz de enardecer nuestros cuerpos: la espalda, el cuello, los senos, las piernas, el abdomen, la cola, todo. Mi novia se fue arrodillando en el piso y mientras bajaba no dejaba de acariciarme con esos jugosos labios; llegó a mi entrepierna, me acarició con sus dedos, acercó su boca y movió su lengua a una velocidad increíble sobre mi punto de placer, mi clítoris, haciéndome gemir durante suficiente tiempo hasta que logró que explotara en un evidente grito de éxtasis.

Inmediatamente tomé fuerzas agarré sus senos con mis manos, los besé, mordisqueé, succioné y lentamente fui bajando a su entrepierna. Cuando llegué me encontré con un clítoris excitado, estaba crecido y ansioso de sentir más, lo metí en mi boca y succioné suavemente mientras introducía uno de mis dedos en su cavidad vaginal, sintiendo la tibieza interna de su cuerpo; podría permanecer ahí fijada el tiempo que fuese y jamás me cansaría, sin embargo subí nuevamente besándola y dejándome mojar por el agua que se deslizaba por nuestros fervientes cuerpos. Sin darme la oportunidad de declinar, rápidamente mi novia dio un giro y me empujó contra la pared juntando su clítoris con el mío, consiguiendo que éstos se rozaran fuertemente, y haciéndome experimentar un placer fantástico, quizá el más grandioso de todos los que he sentido a su lado.

Al terminar nos miramos y sonreímos con malicia por todo lo que habíamos vivido y también por el hecho de que sólo a algunos metros de distancia se encontraban nuestros esposos conversando sin percatarse de lo que sucedía.

martes, 8 de septiembre de 2009

El que con fuego juega, puede quemarse!

Mientras nos dejamos llevar por las irresistibles tentaciones que se presentan en nuestras vidas, nos mantenemos en un constante vaivén de emociones que impide mirar un poco más allá del contenido visible. Es absolutamente delicioso pecar, es apasionante mantener la furia encendida de nuestro cuerpo y dejarnos arrastrar por ella a lugares inimaginables; pero esa misma locura, esa que nos hace sentir en la cúspide de la vida, es capaz más tarde de inclusive generar un malestar de una magnitud tal que puede sumirnos en profundas tristezas. 
 
Muchos de los que ingresan a este mundo lo hacen por curiosidad, de igual manera me sucedió, pero las primeras veces que lo hice fue por explorar un camino nuevo que según como enfoqué las cosas sólo se quedaría en probar; no deseé ni pensé llegar a desear tanto volver a caer en la tentación, por eso continué, porque sólo quería llegar a sentir el inigualable placer del que me hablaba mucha gente, sin embargo no cuestioné lo que sucedería después. Pero como dice el sabio Salomón: “¿Puede alguien caminar sobre las brasas sin quemarse los pies?”; es ahí donde mi mente empieza a doblegarse.
 
Después de lo que ocurrió la última noche no volví a ver a mi amiga hasta varios días después porque ellos trabajaban hasta muy tarde; una que otra noche fui a saludarla sólo unos minutos, pero nada más. Los días empezaron a hacerse muy largos, deseaba poder verla cada vez que tuviese la oportunidad y aunque mi esposo me secundaba todo, mi propia conciencia no permitía mantenerme tan cerca, precisamente para evitar lacerarme. Algunas veces uno no es capaz de resistir las tentaciones de su naturaleza pecaminosa y yo estaba en un punto en el que posiblemente caería, de modo que intenté alejarme un poco. 
 
Sin embargo una de las noches en que fui a visitarla descubrí que estaba indispuesta, que no iría a trabajar al siguiente día y que se quedaría sola, así que yo, por supuesto sin la más mínima voluntad, me ofrecí a cuidarla. Ya se imaginarán a dos mujeres solas en un apartamento entregándose completamente, sin pronunciar palabra, sólo conducidas por sus cuerpos rebosantes de pasión. No es lo mismo ser protagonistas de una escena en la que los espectadores esperan ver mucha acción a ser simplemente dos almas que se entregan, besan y acarician espontáneamente y sin presión. Fue muy diferente sentirla bajo esas circunstancias y lógicamente fue maravilloso, pero nuestra despedida se hacía menos fácil cada vez.
 
Afortunadamente dos días después mi esposo y yo viajamos de vuelta a casa; me refiero a este hecho como afortunado, aunque en su momento parecía lo peor que hubiese podido suceder porque quedé con una gigantesca sensación de vacío, ya que gracias a vivir en ciudades diferentes  pude madurar y sacar incontables conclusiones que me han logrado mantener equilibrada y supongo que me han salvado de terminar abrasada por las llamas del fuego que desafiaba.
 
Cuando el ser humano disfruta de magnánimos placeres se impide razonar adecuadamente, no obstante todos tenemos derecho a jugar con ese fuego, porque es ese el medio a través del cual aprendemos a conducir nuestras vidas a horizontes cada vez mejores.

lunes, 7 de septiembre de 2009

El carbón que ha sido brasa fácilmente vuelve a arder!

Aprovechando nuestra visita a la ciudad decidimos realizar algunas vueltas concernientes al trabajo; duramos toda una jornada en esa tarea, así que optamos por irnos temprano a descansar, padeciendo el cansancio que trajo consigo la noche anterior; además habíamos adquirido un nuevo compromiso con nuestros amigos para el siguiente día: visitaríamos los alrededores de la ciudad.
 
Difícilmente una persona puede contener sus ganas cuando tiene en frente a quien es objeto de sus más infinitos deseos, pero ese día me tocó hacerlo. Nos encontramos los cuatro y anduvimos juntos todo el tiempo rodeados de una cantidad de gente donde no faltaban niños, así que tuve que aguantarme lo que más pude; eso sí, cada vez que tuve la oportunidad propicié uno que otro encuentro de intensas miradas que por sí solas clamaban acción.
 
Al finalizar la tarde acordamos regresar a su apartamento; en el trayecto, más o menos de dos horas, ambas nos sentamos en la parte de atrás del carro. Los besos, las mordidas suaves y las caricias se convirtieron en un espectáculo para algunos de los que transitaban en otros autos por la vía. Recuerdo que una pareja iba en un carro observándonos y cuando lo noté le comenté a mi compañera lo que pasaba; ella, enormemente complacida, sin importar lo que pensaran y en cambio disfrutando del morbo de sus miradas, me besó con impresionante sensualidad y yo, incapaz de oponerme, sin tener nada que perder y disfrutando de igual forma de la intrigante ocurrencia, dejé fundir mis labios con los suyos en algo más que un simple beso.
 
El recorrido se hizo corto; llegamos a su apartamento únicamente con el ánimo de despedirnos; nuestros esposos se quedaron hablando en la sala mientras yo pretendía despedirme de ella en su habitación.  No entiendo en qué momento explotó lo que mantuve reprimido el día entero, el hecho es que la besé desesperadamente, le saqué la ropa con violencia como si el tiempo corriera a toda velocidad, me concentré en sus senos mordisqueando suavemente sus pezones bien erectos y luego bajé lentamente a su zona más íntima para embriagarla de placer con la humedad de mi boca. Por un momento me tocó con sus dedos y acarició rápidamente mi punto más débil, aquél en el que se concentran las sensaciones más enloquecedoras de mi cuerpo, rápidamente me hizo alcanzar al clímax y sin poder ocultarlo escapó de mí el más agudo gemido de placer.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Disfruta, come y bebe: que la vida es breve!

Luego de tomar la ducha más larga de mi vida engalané mi cuerpo tanto como pude dadas las condiciones, pues me encontraba en un lugar ajeno, sin mis prendas y accesorios de vestir. Salí del baño ya vestida, con la mejor disposición y encontré a mis compañeros de fantasía en la sala charlando, no recuerdo acerca de qué tema en particular, pero era una conversación muy amena. Me senté al lado de mi esposo, escuché atentamente lo que comentaban y apenas tuve la oportunidad expuse mis pensamientos. Todo salía a pedir de boca, mis nervios habían sido amainados suficientemente y sólo faltaba que alguno de los allí presentes sutilmente propiciase un encuentro más íntimo para que la acción empezara. Efectivamente uno de ellos empezó a hablar de unos juegos eróticos que existen para romper el hielo en este tipo de encuentros, y de repente sin darme cuenta, el esposo de mi amiga sacó unos dados y un toma-todo (quita prendas) eróticos que aparecieron en la escena en el momento más indicado.

Nadie quería dar el primer paso, cuando se tiraba el toma todo sólo mi amiga y yo aceptamos despojarnos de algunas prendas, sin embargo yo tenía la sensación de que quedaríamos rápidamente desnudas y esta situación logró que mis nervios afloraran nuevamente así que pedí un poco de Vodka para que el incómodo sentimiento se fuera pronto. A mi amiga, con toda la seguridad que le proporcionaba estar en territorio propio, parecía no importarle mucho si estaba vestida o desnuda, pero para mí las cosas eran de otro color. No me tomé uno sino como 6 vasos de vodka con jugo de naranja para alcanzar mi objetivo, más una vez relajada dejé que el juego, ahora de dados, siguiera su curso naturalmente y fue entonces cuando la desnudez de dos bellas mujeres robó protagonismo en la habitación. 

Cuando la sentí desnuda, aún con una delicada tanga rosada, los nervios desaparecieron por completo y comencé a besarla desde sus pies con unas ganas locas de devorarla; le fui acariciando con mi lengua cada centímetro cuadrado hasta llegar a su entrepierna, la despojé de esa tanguita que ahora parecía incomodarme tanto y sin pensarlo dos veces di rienda suelta a mis manos, a mi lengua y a todo mi cuerpo también desnudo, que no encontraba la manera de saciar esa locura. Evidentemente esta sensación era absolutamente diferente a lo poco que había vivido antes, la fragancia que ella destilaba por cada poro de su piel me descontrolaba, me hacía sentir en el cielo, y besar sus  deliciosos labios y su cuerpo me hacía presa de una excitación cada vez mayor. Su piel suave, delicada y exquisita, su abdomen plano y esos senos perfectos que parecen una de las grandes maravillas creadas por Dios, no permitían la más mínima desconcentración. Los vasos de Vodka habían hecho lo suyo y yo no me  permitiría, por ningún motivo, perder semejante oportunidad.

Con dos espectadores en el juego las cosas se pusieron más interesantes, no solamente se trataba de sentir a la mujer que ha despertado en mí los sentimientos más descomunales, sino que  también  estaba cumpliendo otra gran fantasía que hacía parte primordial en mi lista, deseaba que otras personas, incluyendo a mi marido, me observaran desnuda y mostrando todo mi potencial sexual, así que procuré mover mis manos, mis dedos, mi trasero y mi boca con la sensualidad más desbordante.

Las sugerencias de posiciones por parte de nuestro público fueron pieza clave en la intensidad de las emociones, la famosa tijera que siempre me pareció algo extraña, me brindaba ahora el placer más celestial. Increíblemente todas las cosas que antes consideré inapropiadas se volvieron convenientes y hasta codiciadas, porque mi cuerpo estaba insaciable, sólo pedía y pedía más.

Las cámaras empezaron a rodar, el flash centelleaba una y otra vez, nuestros esposos vivían el momento desde otra perspectiva pero la excitación en ellos era extremadamente notable, sus rostros hablaban por sí solos y eso contribuía aún más con nuestro momento de gloria.

Ya de madrugada, habiendo dejado todas nuestras energías en aquella habitación, exhaustos de semejante faena, quedaron nuestros cuerpos vencidos esperando un nuevo día que auguraba ser fascinante y muy prometedor.

lunes, 31 de agosto de 2009

Lo que es pa' perro no se lo come gato!

Ese día los Astros estaban ubicados en la posición exacta, todo conducía a que tendría que conocerla, cada detalle determinaba que el destino así lo deseaba (el destino y yo) y como dice el dicho, lo que es pa’ perro no se lo come gato!

Estaba sentada frente a mi PC cuando imprevistamente sobresaltó una ventana de Messenger en la que se visualizaba claramente “Hola”; yo, sin detenerme a pensar quién era la persona que había interrumpido tan abruptamente mi tranquila mañana, contesté de inmediato “Hola, quién eres?” y ella, con la suavidad que le caracteriza me indicó a detalle quién era y de donde nos contactamos.

La conversación fue fluyendo de forma tan agradable que no dudé en mostrarme en la cámara para que ella también lo hiciese. Y pensar que estuve dispuesta a rechazarla  cuando le pedí que pusiera su Cam y me dijo que no tenía cámara en ese equipo; me enojó mucho el hecho de no querer mostrarse,  pues pensé que seguramente todo lo que había dicho era falso y que pretendía empezar un tonto jueguito conmigo, así que rápidamente le dije que hablábamos otro día. Pero los astros seguían alineados, no hay duda de ello, porque sin titubear ella me dijo que la esperara un momento mientras se cambiaba de PC.

No recuerdo exactamente cuánto tiempo pasó desde que empezamos a hablar hasta ese momento, lo que sí recuerdo con mucha claridad es esa sensación de satisfacción, placidez y hasta cierto placer cuando le vi la cara por primera vez. Qué mujer más linda, cual doncella de novela medieval, con una expresión suave y natural que provoca mirar y saborear. En ese instante me detuve a detallarla, ella ni lo notó, pero no le quité la mirada de encima, me parecía increíble haber encontrado una niña tan linda a través de un medio como este; por experiencia sé que casi nada de lo que se ve o escribe en una conversación de chat es verdad. Sin embargo esto era real, me había encontrado un boleto de lotería que prometía muchísimo, aunque de ahí a ganármelo distara bastante. 


Pasados pocos minutos recuerdo bien la enorme desilusión cuando descubrí que vivíamos en ciudades distintas y que muy a mi pesar, posiblemente podríamos no conocernos ya que no tenía planeado viajar a su ciudad; pero para no perder contacto con ella le mentí diciendo que tenía un viaje proyectado a la ciudad donde ella vivía y que nos conoceríamos allá.

Francamente no sé cómo se me ocurrió decir semejante mentira, sobretodo que pocas veces uno se inventa un viaje y lo lleva a cabo; entonces pensé, para medio enmendar el error, en hablar con mi esposo y comentarle lo que había sucedido porque él siempre me auxilia en estos casos. Definitivamente, creo, la alineación de los astros era perfecta puesto que mi esposo escuchó todo lo que tenía por decirle y su respuesta fue " organiza el viaje". No lo podía creer, de no tener la más mínima esperanza de conocerla pasé a  casi lograrlo y todo gracias a una mentirilla piadosa.

Así funciona el destino, cuando las cosas van a suceder sencillamente suceden, no obstante pasaron algunos meses antes de poder hacer mi fantasía realidad.

domingo, 30 de agosto de 2009

La curiosidad mató al gato!

No recuerdo exactamente cómo ni por qué, pero el día que decidí estar con una mujer jamás imaginé que terminaría tan enganchada. Lo hice en compañía de mi esposo y por pura curiosidad, pero la curiosidad mató al gato. 

Casada, sin hijos, y sexualmente súper candente, me lancé sin pensarlo dos veces. Recuerdo mi primera vez como si fuese ayer, fue con una pareja muy agradable que estaba en las mismas que nosotros. Qué noche tan diferente, tan loca, tan increíble; la suavidad de la piel de una mujer es incomparable a cualquier otra textura, por lo tanto el disfrute es total.

Esa noche no pasó nada del otro mundo más que besos y caricias, un poco de contacto aquí y allá, pero nada mágico, sin embargo, fue la primera vez que tuve contacto con una mujer y eso es inolvidable para bien o para mal.

Después de eso decidí que era suficiente, pues lo que tenía era curiosidad y había hecho lo que deseaba; más una noche de chat exploratorio, en la que uno no tiene nada más que hacer, conocimos (mi esposo y yo) a otra pareja que estaba buscando contacto entre damas. Yo me opuse de inmediato pero mi esposo insistió, así que coincidimos con los nuevos personajes en un bar de la ciudad. Palabras más, palabras menos, esa noche pasó lo que no tenía que pasar y me fue como a los perros en misa (considero que a un perro en misa le va mejor de lo que me pudo ir esa noche) porque no había química por ninguna parte. Sentí una frustración tan grande que decidí no volver a tener sexo con mujeres jamás. Aprovecho para aconsejar a todas las distinguidas señoritas que alguna vez se sientan obligadas a estar con alguien que no les gusta: “jamás lo hagan”. Digamos que así es la vida y que a uno no se le acaba el mundo por eso, pero es una de esas experiencias que es mejor no tener.

Alguna vez has sentido que has estado esperando algo que nunca llega? que la gente te habla de una cosa maravillosa que tú no has sentido y por más que intentas no logras experimentar? Así me sentía cada vez que alguien decía que estar con otra mujer era la mejor experiencia que una podría tener, sin embargo yo no sentía eso.

Lastimosamente esto es cuestión de suerte, es una lotería a la que algún día le pegamos (otros poco afortunados no le pegan nunca) y pese a haber tomado la decisión de nunca más volver a caer en los brazos de otra mujer, un día, sin estar buscando, sin querer pegarle a esa lotería, por fin, le pegué.

Seguidores